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Costa Rica impulsa educación continua para adultos mayores en todo el país

En las instalaciones de una biblioteca comunitaria en San José, un grupo de adultos mayores se reúne cada martes por la mañana. Algunos tienen más de setenta años, otros apenas superan los sesenta. Lo que comparten es una decisión común: seguir aprendiendo. Esta escena se repite en Alajuela y Liberia, donde la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO) ha consolidado durante años una propuesta educativa que desafía el estereotipo de que el aprendizaje tiene fecha de caducidad.

La apertura de matrícula para el nuevo período de cursos de AGECO representa más que un trámite administrativo. Es la confirmación de que en Costa Rica existe una demanda creciente de espacios formativos diseñados específicamente para personas mayores, una población que busca mantenerse activa intelectual y socialmente en una etapa de la vida tradicionalmente asociada con el retiro y la inactividad.

La oferta académica abarca áreas diversas que responden a intereses variados y necesidades contemporáneas. Los cursos de tecnología enseñan desde el uso básico de smartphones hasta navegación en redes sociales y videollamadas, herramientas que han demostrado ser fundamentales para combatir el aislamiento, especialmente tras los años de pandemia. Los programas de idiomas, con énfasis en inglés, permiten a los estudiantes mayores comunicarse con familiares en el extranjero o simplemente cumplir un sueño postergado durante décadas de vida laboral.

Las áreas de arte y cultura incluyen talleres de pintura, música, literatura y teatro, espacios donde muchos participantes descubren talentos que permanecieron dormidos durante años de responsabilidades familiares y profesionales. Los cursos relacionados con salud y actividad física no se limitan a ejercicios básicos, sino que incorporan conocimientos sobre nutrición, prevención de enfermedades crónicas y manejo del estrés, todos temas cruciales para el bienestar en la tercera edad.

La modalidad presencial mantiene su atractivo principal: la socialización. Para muchos adultos mayores, asistir a clases representa la oportunidad de construir nuevas amistades, romper rutinas solitarias y sentirse parte de una comunidad. Los centros en San José, Alajuela y Liberia se han convertido en puntos de encuentro donde la educación funciona como excusa para el tejido social, un aspecto que los organizadores identifican como tan valioso como el contenido académico mismo.

Sin embargo, la incorporación de modalidades virtuales ha ampliado significativamente el alcance del programa. Personas mayores que viven en zonas rurales alejadas de los centros urbanos, aquellas con limitaciones de movilidad o quienes prefieren la comodidad del hogar pueden ahora acceder a la misma formación. Esta flexibilidad ha democratizado oportunidades educativas que antes estaban restringidas geográficamente, aunque también ha planteado desafíos relacionados con la brecha digital que afecta precisamente a este grupo etario.

El modelo educativo de AGECO se distingue por adaptar metodologías pedagógicas a las características del aprendizaje en adultos mayores: ritmos más pausados, repetición de contenidos clave, materiales con tipografía legible y ejemplos contextualizados en experiencias de vida acumuladas. Los facilitadores reciben capacitación específica en gerontagogía, el arte de enseñar a personas mayores, reconociendo que sus necesidades difieren sustancialmente de las de estudiantes jóvenes.

La iniciativa se inscribe en un contexto demográfico regional donde el envejecimiento poblacional avanza aceleradamente. Costa Rica, como muchos países latinoamericanos, enfrenta el reto de garantizar no solo años adicionales de vida para su población, sino años con calidad, autonomía y participación social. Programas como los de AGECO contribuyen a este objetivo al promover el envejecimiento activo, concepto que la Organización Mundial de la Salud define como el proceso de optimizar oportunidades de salud, participación y seguridad para mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen.

La matrícula abierta invita a adultos mayores a redefinir esta etapa vital no como un período de declive pasivo, sino como una fase de exploración, crecimiento personal y contribución comunitaria. En las aulas presenciales y virtuales de AGECO, estudiantes de sesenta, setenta u ochenta años demuestran diariamente que la capacidad de aprender no tiene límite de edad, solo requiere voluntad, oportunidades adecuadas y espacios que reconozcan el valor de cada biografía que llega con ganas de seguir escribiendo nuevos capítulos.

Fuentes

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Con información de delfino.cr

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