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Cuando el emprendimiento se vuelve acto de dignidad colectiva

Hay ferias que venden productos. Y hay ferias que venden algo más difícil de empacar: la posibilidad de que alguien salga adelante. Del 7 al 9 de agosto, la Antigua Aduana en Costa Rica reunirá a cien emprendimientos nacidos del programa IMAS Impulsa, esa iniciativa que convierte a personas en situación vulnerable en dueños de su propia economía. En Mi Hispano creemos que vale la pena detenerse ante este evento no solo como consumidores, sino como observadores de un fenómeno social más amplio: el emprendimiento como acto de resistencia económica.

IMAS Impulsa no es caridad con otro nombre. Es un programa que entiende que la pobreza no se combate solo con transferencias, sino con herramientas para generar ingresos propios. Las personas beneficiarias reciben capacitación, acompañamiento técnico y capital semilla para iniciar o fortalecer negocios. Lo que veremos en esos tres días en la Antigua Aduana son productos, sí, pero también biografías: la señora que aprendió repostería a los cincuenta, el joven que convirtió su habilidad manual en marca, la madre soltera que ahora emplea a dos vecinas. Cada stand es un capítulo de superación que no necesita melodrama para ser relevante.

La Antigua Aduana, ese edificio patrimonial reconvertido en espacio cultural, se vuelve escenario perfecto para la metáfora: lo que antes era punto de entrada de mercancías foráneas ahora exhibe lo hecho en casa, lo producido con esfuerzo local. Observamos que el lugar importa. No es lo mismo vender en una esquina que en un espacio digno, con visibilidad, con el respaldo institucional que dice «esto vale». La feria no solo conecta a vendedores con compradores; legitima su trabajo ante una sociedad que todavía mira con cierta condescendencia al «emprendedor por necesidad», como si fuera una categoría menor frente al empresario tradicional.

En Mi Hispano nos preguntamos: ¿cuántas de estas iniciativas sobrevivirán más allá del impulso inicial? La estadística es dura con los emprendimientos de subsistencia. Pero también es cierto que eventos como este crean redes, visibilizan talento, generan clientes recurrentes. No es solo una feria de tres días; es la oportunidad de que alguien conozca tu producto, te recomiende, te abra una puerta. Es capital social en movimiento, ese recurso invisible pero decisivo que a menudo falta en comunidades vulnerables.

Al final, comprar en la Feria IMAS Impulsa es un acto político en el sentido más básico: decidir dónde poner tu dinero. Puedes ir al mall o puedes ir a la Antigua Aduana. Puedes comprar lo industrial o lo artesanal. No hay juicio moral en ninguna opción, pero sí hay consecuencia económica. Cada compra es un voto por un modelo de producción, distribución y consumo. En tres días de agosto, cien personas te pedirán que votes por ellas. Vale la pena escucharlas.

Fuentes

Con información de delfino.cr

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