Hay algo cruelmente poético en ver cómo un equipo anota dos jonrones en la primera entrada y luego pasa el resto del juego como si nunca hubiera sostenido un bate. Los Diamondbacks de Arizona cayeron 3-2 ante los Rockies de Colorado el martes por la noche, en un partido que resume perfectamente una temporada de altibajos. Corbin Carroll y Ketel Marte conectaron jonrones al inicio, encendiendo las esperanzas de la afición en Phoenix. Pero lo que siguió fue un silencio ofensivo que ya se está convirtiendo en la marca registrada de este equipo: anotar temprano y desaparecer.
En Mi Hispano creemos que este patrón merece más que una simple mención de pasada en las estadísticas del día. Estamos hablando de un equipo que tiene la capacidad de estallar en cualquier momento, pero que también parece perder el guion cuando más lo necesita. El lanzador de los Rockies, Sugano, ya había demostrado tener la fórmula contra Arizona esta temporada: apenas seis carreras permitidas en más de 17 entradas de trabajo. Y el martes volvió a aplicarla con precisión quirúrgica. Después de esos dos jonrones iniciales, los bates de los Diamondbacks quedaron congelados. La agresividad excesiva después de la primera entrada contrastó dramáticamente con lo que este equipo hace mejor: trabajar los conteos, pasar el turno al siguiente bateador, construir rallies con paciencia.
Vale la pena recordar que el abridor de Arizona, el joven zurdo Mitch Bratt, hizo su trabajo y más. Permitió solo esas dos carreras en seis entradas, extendiendo una racha impresionante de la rotación abridora que ha concedido apenas cinco carreras limpias en sus últimos cinco partidos. Bratt mostró aplomo y presencia más allá de sus años, ponchando a cuatro bateadores y navegando a través de la alineación de Colorado con eficiencia. Pero en el béisbol, como en la vida, no basta con que una parte funcione si la otra falla. Y la ofensiva falló de manera estrepitosa después de ese primer episodio prometedor.
El problema más preocupante no es solo esta derrota aislada, sino el patrón que revela. Los Diamondbacks siguen luchando contra el pitcheo derecho, una debilidad que los equipos rivales ya han identificado y explotado. Lo que comenzó como una noche triunfal con Marte y Carroll rápidamente iluminó un problema que crece en las sombras. Ahora Arizona está empatada en tres equipos por el tercer puesto de comodín, técnicamente con ventaja por su récord intradivisional, aunque eso importa poco si no pueden resolver su inconsistencia ofensiva. Los Padres ganaron, los Phillies perdieron, y los Diamondbacks quedaron atrapados en el medio: ni suficientemente buenos para respirar tranquilos, ni suficientemente malos para darse por vencidos.
Quizás sea tentador atribuir esta derrota simplemente a un mal enfrentamiento de pitcheo, al arsenal profundo de Sugano o a su demoledor splitter. Pero en esta fase de la temporada, las excusas se agotan. Los equipos que llegan a los playoffs son aquellos que encuentran maneras de ganar incluso en las noches difíciles. Los Diamondbacks tienen el talento, tienen la rotación, tienen las estrellas. Lo que necesitan ahora es la consistencia para convertir esas primeras entradas explosivas en victorias completas. Porque en el béisbol, como en todo, el optimismo que dura solo una entrada no es suficiente para llegar a octubre.
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Con información de sports.yahoo.com



