Costa Rica ha construido su marca país sobre un pilar brillante: energía limpia, renovable, casi mágica. Nos hemos vendido al mundo como el país que ilumina sus hogares con volcanes y ríos. Pero hay una paradoja incómoda que el viceministro de Energía, Rony Rodríguez, acaba de poner sobre la mesa: ese mismo modelo que nos enorgullece podría estar apagando nuestro futuro económico. Rodríguez proyecta un crecimiento de la demanda eléctrica de entre 2,5% y 3,5% anual, siempre que el país disponga de suficiente energía. El condicional no es menor. Es la pregunta central: ¿tenemos la electricidad que necesitamos para crecer, o estamos racionando nuestro propio desarrollo?
El dilema de la energía limpia sin capacidad
En Mi Hispano observamos que este no es un problema exclusivo de Costa Rica, pero sí particularmente irónico para un país que ha hecho de la sostenibilidad su bandera. La matriz energética costarricense es envidiable: más del 98% de generación renovable en años recientes. Sin embargo, creemos que la conversación ha sido demasiado cómoda. Hemos celebrado la limpieza sin cuestionar la suficiencia. Rodríguez advierte que el modelo actual ya no alcanza. No se trata de contaminar más, sino de entender que la demanda eléctrica no espera. Las empresas tecnológicas, los centros de datos, la electrificación del transporte, todo empuja la curva hacia arriba. Si la oferta no sigue el ritmo, el país no atrae inversión, no genera empleo, no avanza. Y los apagones, literales o metafóricos, se vuelven frecuentes.
Entre la regulación y la urgencia
Vale la pena recordar que Costa Rica tiene una estructura eléctrica altamente regulada, con el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) como actor dominante. Esto ha garantizado estabilidad, pero también ha ralentizado la incorporación de nueva capacidad. La apertura a generadores privados ha sido lenta, casi reluctante. Mientras tanto, la demanda no negocia. Creemos que la advertencia del Minae no es alarmismo, sino una señal de que el statu quo ya no funciona. El país necesita discutir no solo cómo generar más energía limpia, sino cómo hacerlo más rápido, con menos burocracia, y sin sacrificar la sostenibilidad que lo define. Es un equilibrio delicado, pero necesario.
La pregunta que nadie quiere responder
En Mi Hispano observamos que la conversación pública costarricense tiende a evitar dilemas incómodos. Admitir que el modelo energético tiene grietas suena a traición, como si reconocer el problema fuera abandonar el ideal verde. Pero la realidad es más compleja. Un país puede ser limpio y quedarse sin luz. Puede ser sostenible y estancado. Rodríguez está planteando una pregunta que merece debate honesto: ¿cómo aseguramos suficiente energía para crecer sin traicionar nuestros compromisos ambientales? La respuesta no será fácil, pero ignorarla sale más caro.
Costa Rica tiene una oportunidad única: liderar no solo en energía renovable, sino en cómo hacerla escalable, eficiente y capaz de sostener una economía moderna. Pero eso requiere voluntad política, inversión estratégica y, sobre todo, aceptar que el modelo perfecto no existe. La energía limpia que no alcanza para todos es un lujo que el país ya no puede permitirse. El reto ahora es convertir la advertencia en acción, antes de que el apagón sea real.
Fuentes
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Con información de delfino.cr



