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¿Por qué un centro de datos en Costa Rica genera alarma ambiental?

La falta de información pública sobre el Palo Negro AI & HPC Campus, un proyecto de centro de datos de inteligencia artificial…

16 de septiembre de 2026 7 min de lectura
Redacción MiHispano+ · con información de delfino.cr
Fotografía ilustrativa · delfino.cr
Fotografía · delfino.cr

La falta de información pública sobre el Palo Negro AI & HPC Campus, un proyecto de centro de datos de inteligencia artificial que permanece en fase de prefactibilidad en Bagaces, Costa Rica, ha encendido las alertas de organizaciones ambientalistas. La Federación Conservacionista de Costa Rica (FECON) lidera el cuestionamiento no solo sobre la opacidad del proceso, sino sobre las implicaciones ambientales de una infraestructura que, por su naturaleza tecnológica, demandará volúmenes significativos de agua y electricidad en una región donde ambos recursos enfrentan presiones crecientes. Este caso expone una tensión emergente en América Latina: cómo equilibrar la ambición de convertirse en plataformas digitales globales con la protección de ecosistemas vulnerables y el acceso comunitario a recursos básicos.

El auge de los centros de datos y su huella ambiental invisible

Los centros de datos que soportan operaciones de inteligencia artificial y computación de alto rendimiento (HPC, por sus siglas en inglés) no son simples edificios con servidores. Son instalaciones que requieren refrigeración constante para evitar el sobrecalentamiento de miles de procesadores trabajando simultáneamente. Esta refrigeración, en la mayoría de los casos, depende de sistemas de enfriamiento evaporativo que consumen millones de litros de agua anualmente. Un centro de datos de tamaño medio puede utilizar entre 1 y 5 millones de galones de agua al día, comparable al consumo de una ciudad pequeña.

Además, la demanda eléctrica es exponencial. Los modelos de inteligencia artificial generativa, que el proyecto Palo Negro buscaría atraer, requieren entrenamientos computacionales que pueden consumir tanta electricidad como decenas de miles de hogares durante semanas. Costa Rica se ha posicionado como líder regional en energías renovables, generando más del 98% de su electricidad de fuentes limpias, lo que resulta atractivo para empresas tecnológicas que buscan cumplir metas de sostenibilidad. Sin embargo, esta ventaja oculta una fragilidad: la red eléctrica costarricense, aunque limpia, opera cerca de su capacidad máxima en temporadas secas, y la incorporación de cargas industriales masivas podría comprometer el suministro doméstico o forzar importaciones de energía fósil de países vecinos.

La región de Bagaces, en la provincia de Guanacaste, experimenta además una presión hídrica acumulada por años de expansión agroindustrial, turismo y cambio climático. Los acuíferos locales alimentan tanto a comunidades rurales como a proyectos agrícolas, y las sequías recurrentes han generado conflictos por el agua. Introducir un consumidor industrial de gran escala sin estudios de impacto acumulativo públicos representa, para FECON, un riesgo calculado sin consulta social.

Opacidad en prefactibilidad: quién decide y qué se sabe

La fase de prefactibilidad de un proyecto como Palo Negro AI & HPC Campus debería incluir estudios de viabilidad técnica, ambiental y financiera. Sin embargo, FECON señala que no existe información pública sobre los desarrolladores del proyecto, las fuentes de financiamiento, los volúmenes específicos de agua y energía proyectados, ni los estudios de línea base ambiental que respalden su compatibilidad con las capacidades locales. Esta opacidad no es ilegal en etapas iniciales, pero contradice los principios de participación ciudadana consagrados en la legislación ambiental costarricense.

El silencio oficial también contrasta con el discurso gubernamental reciente de posicionar a Costa Rica como un hub tecnológico regional. En 2025, el gobierno anunció incentivos fiscales para atraer inversión en tecnologías emergentes, incluida la inteligencia artificial. Pero la transición de eslóganes a realidad revela grietas institucionales: la ausencia de marcos regulatorios específicos para centros de datos, la debilidad de los estudios de capacidad de carga en infraestructura hídrica y eléctrica, y la descoordinación entre agencias ambientales, energéticas y de promoción de inversiones.

Además, el sector privado ha aprendido a navegar estas aguas turbias. Proyectos en fase temprana evitan divulgaciones que puedan generar oposición pública antes de asegurar permisos o compromisos políticos. En otros países latinoamericanos, centros de datos han enfrentado resistencia comunitaria solo después de inaugurados, cuando el impacto en tarifas eléctricas o escasez de agua se vuelve tangible. La estrategia de mantener bajo perfil hasta consolidar respaldos institucionales es recurrente, y Costa Rica no parece ser la excepción.

Tensiones entre desarrollo tecnológico y justicia ambiental

El debate sobre Palo Negro AI & HPC Campus cristaliza una contradicción más amplia. Por un lado, Costa Rica necesita diversificar su economía más allá del turismo y la agricultura, y la economía digital representa empleos de alta calificación y divisas. La atracción de inversión en infraestructura tecnológica puede acelerar la transformación productiva. Por otro lado, la justicia ambiental exige que los costos ambientales y sociales de ese desarrollo no recaigan desproporcionadamente en comunidades locales que no participan de las ganancias.

En Guanacaste, esta tensión no es nueva. La expansión turística en playas ha enfrentado críticas similares: desarrollos que acaparan agua, elevan costos de vida y desplazan poblaciones sin generar empleo local de calidad. La llegada de un centro de datos podría replicar el patrón: consumo intensivo de recursos, empleo limitado y altamente especializado (operaciones automatizadas requieren poco personal), y beneficios concentrados en inversionistas extranjeros. Las comunidades de Bagaces, mayoritariamente agrícolas, podrían ver competencia por el agua sin acceso a los empleos que el proyecto promete.

FECON también advierte sobre el efecto dominó. Si Palo Negro AI avanza sin transparencia ni salvaguardas, establece un precedente para futuros proyectos similares. La competencia regional por atraer inversión tecnológica es feroz: Panamá, Chile y México también buscan posicionarse como destinos para centros de datos. Si Costa Rica flexibiliza estándares ambientales para competir, podría desencadenar una carrera hacia el fondo regulatorio en la región, minando décadas de liderazgo en sostenibilidad.

Escenarios posibles: del diálogo a la confrontación

El futuro del proyecto Palo Negro puede tomar varios caminos. En un escenario optimista, la presión de FECON y otros actores civiles fuerza una apertura de información y un proceso de consulta pública robusto. Estudios independientes de impacto ambiental y social, con participación comunitaria, podrían identificar medidas de mitigación: reutilización de agua caliente, sistemas de enfriamiento en seco, o compromisos de compra de energía renovable adicional certificada. El proyecto podría convertirse en un modelo de centro de datos sostenible, alineado con la marca país de Costa Rica.

En un escenario intermedio, el gobierno responde con declaraciones vagas sobre estudios futuros, pero el proyecto avanza sin cambios sustanciales. La oposición se fragmenta, y la falta de movilización sostenida permite que los permisos se otorguen bajo condiciones estándar, sin enfrentar las particularidades hídricas y energéticas de Bagaces. El centro opera, genera algunos empleos, pero los impactos acumulativos sobre recursos aparecen años después, cuando la capacidad de revertirlos es limitada.

En un escenario conflictivo, la resistencia comunitaria y ambiental escala. Acciones legales, protestas y campañas mediáticas internacionales (aprovechando la sensibilidad global sobre huella ambiental de la IA) podrían estancar el proyecto. Inversionistas se retiran ante riesgos reputacionales, y Costa Rica pierde la oportunidad de captar inversión tecnológica, pero preserva cohesión social y recursos. Este escenario también deja lecciones: la necesidad urgente de marcos regulatorios anticipatorios para tecnologías emergentes.

La encrucijada costarricense

El caso del Palo Negro AI & HPC Campus no es solo sobre un proyecto específico, sino sobre el modelo de desarrollo que Costa Rica eligirá para las próximas décadas. La pregunta no es si el país debe abrazar la economía digital, sino cómo hacerlo sin sacrificar los principios ambientales y democráticos que han definido su identidad nacional. La transparencia no es un obstáculo para la inversión; es una condición para su legitimidad y sostenibilidad. Sin ella, cada megavatio y cada litro de agua consumidos por servidores que entrenan algoritmos para mercados lejanos resonará como una traición a las promesas de desarrollo inclusivo. La respuesta que Costa Rica dé a FECON y a las comunidades de Bagaces dirá más sobre su futuro que cualquier eslogan tecnológico.

Fuentes

Resumen editorial elaborado por MiHispano+ a partir de las fuentes citadas. Enlazamos siempre al medio original.

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