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Sostenibilidad como estrategia: empresas y gobierno trazan rumbo conjunto en Costa Rica

En el auditorio del Centro de Convenciones, bajo la luz tenue de pantallas que proyectaban métricas de carbono y certificaciones ambientales, empresarios, funcionarios públicos y académicos se reunieron con un propósito compartido: entender que la sostenibilidad ya no es una opción decorativa en la estrategia corporativa, sino una palanca de competitividad económica. El Congreso de Sostenibilidad 2026, organizado por la Cámara de Industrias de Costa Rica (CICR), congregó voces nacionales e internacionales que coincidieron en un mensaje: sostenibilidad significa innovación, generación de valor y posicionamiento diferencial en mercados globales cada vez más exigentes.

La cita tuvo lugar en un momento clave para Costa Rica, país reconocido internacionalmente por su liderazgo ambiental pero enfrentado al desafío de traducir esa reputación en ventajas económicas concretas para su sector productivo. Representantes de empresas exportadoras, multinacionales con operaciones locales, instituciones gubernamentales y expertos en economía circular compartieron experiencias, datos y advertencias sobre los riesgos de quedarse atrás en la carrera por la descarbonización y la gestión responsable de recursos.

Desde la perspectiva empresarial, los panelistas destacaron que la sostenibilidad no es un gasto adicional sino una inversión estratégica. Empresas que han integrado criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) en sus operaciones reportan mayor acceso a financiamiento, mejores relaciones con clientes internacionales y menores costos operativos a largo plazo. La gestión eficiente de energía, agua y residuos no solo reduce la huella ambiental; también impacta directamente en la rentabilidad. En sectores como manufactura avanzada, agroindustria y servicios tecnológicos, la certificación en estándares internacionales de sostenibilidad se ha convertido en requisito indispensable para mantener contratos con grandes compradores europeos y norteamericanos.

El gobierno costarricense, por su parte, subrayó su compromiso con políticas públicas que faciliten la transición hacia una economía baja en carbono. Funcionarios del Ministerio de Ambiente y Energía presentaron avances en regulación ambiental, incentivos fiscales para inversiones verdes y programas de apoyo a pequeñas y medianas empresas que buscan certificarse. Se mencionó la importancia de alinear la normativa nacional con los acuerdos internacionales sobre cambio climático, así como de fortalecer la colaboración público-privada para financiar proyectos de infraestructura sostenible. La idea central es que el Estado no solo regule, sino que también facilite y acompañe al sector productivo en su transformación.

Los expertos internacionales invitados aportaron perspectivas comparativas. Profesionales con experiencia en mercados europeos y asiáticos advirtieron sobre la creciente presión regulatoria que enfrentan las cadenas de suministro globales. La Unión Europea, por ejemplo, está implementando mecanismos de ajuste en frontera por emisiones de carbono, lo que podría encarecer las exportaciones de países que no demuestren esfuerzos serios en reducción de huella ambiental. En ese contexto, Costa Rica tiene la oportunidad de capitalizar su imagen verde, pero debe respaldarla con métricas verificables, transparencia en reportes y capacidad de trazabilidad en sus cadenas productivas. La narrativa ambiental debe estar acompañada de datos duros.

Uno de los temas recurrentes fue la innovación como motor de la sostenibilidad. Desde tecnologías de energía renovable hasta soluciones de economía circular que convierten residuos en materias primas, el congreso mostró casos de empresas costarricenses que están liderando estos cambios. Startups locales presentaron desarrollos en empaques biodegradables, plataformas digitales para medir huella de carbono y modelos de negocio basados en la reutilización. La innovación no solo responde a presiones ambientales; también abre nuevos mercados, atrae talento joven comprometido con valores sostenibles y fortalece la marca país en el exterior.

El cierre del congreso dejó una sensación de urgencia y esperanza. Los participantes coincidieron en que la sostenibilidad es un camino sin retorno, pero también una ventana de oportunidad para que Costa Rica consolide su liderazgo regional. La competitividad del país en las próximas décadas dependerá, en buena medida, de su capacidad para integrar sostenibilidad en cada eslabón de la economía: desde la finca cafetalera hasta la planta de semiconductores. No se trata solo de cumplir con estándares internacionales, sino de anticiparse a ellos, de innovar antes que la competencia, de construir una economía que genere valor sin comprometer los recursos de futuras generaciones. En ese auditorio, entre gráficos de emisiones y compromisos suscritos, se trazó un mapa compartido: el de un país que apuesta por la sostenibilidad no como discurso, sino como estrategia de desarrollo.

Fuentes

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Con información de delfino.cr

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