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Costa Rica endurece penas contra la compra de votos tras escándalo

El escándalo estalló hace apenas unas semanas en Costa Rica, cuando la diputada Abril Gordienko compareció ante los medios con una denuncia…

9 de octubre de 2026 5 min de lectura
Redacción MiHispano+ · con información de delfino.cr
Fotografía ilustrativa · delfino.cr
Fotografía · delfino.cr

El escándalo estalló hace apenas unas semanas en Costa Rica, cuando la diputada Abril Gordienko compareció ante los medios con una denuncia que sacudió los cimientos del sistema político costarricense. Un pastor evangélico, según su testimonio, le había ofrecido entregar 42.000 votos a cambio de 420 millones de colones, aproximadamente 840.000 dólares al cambio actual. La revelación no solo generó indignación en un país que presume de tradición democrática sólida, sino que puso en evidencia la existencia de redes clientelares que operan desde espacios de influencia religiosa y comunitaria. Ahora, la misma legisladora que denunció el caso ha decidido convertir su experiencia en acción legislativa concreta, proponiendo endurecer las penas para quienes intenten comprar voluntades electorales con dinero o dádivas.

La iniciativa presentada por Gordienko busca reformar el Código Electoral costarricense para establecer penas de prisión contra cualquier persona que ofrezca dinero, bienes o promesas de beneficio a candidatos políticos a cambio de votos. Actualmente, la legislación contempla sanciones administrativas y multas, pero la diputada considera que estas medidas resultan insuficientes para disuadir prácticas que erosionan la integridad del proceso democrático. La propuesta contempla penas de entre dos y cinco años de cárcel para quienes ofrezcan dádivas, y sanciones similares para los candidatos o representantes de partidos que acepten dichas ofertas. El proyecto también incluye agravantes si el ofrecimiento involucra a líderes religiosos o comunitarios que ejercen influencia sobre grupos poblacionales específicos.

El caso denunciado por Gordienko no es aislado en el contexto centroamericano, donde el clientelismo electoral ha sido documentado por organizaciones internacionales como fenómeno recurrente. Sin embargo, la particularidad del escándalo costarricense radica en el papel de figuras religiosas como intermediarios. El pastor mencionado en la denuncia supuestamente controlaba una congregación numerosa y aseguraba poder movilizar a sus feligreses como bloque electoral compacto. Este modelo de intermediación, que combina influencia espiritual con transacciones políticas, plantea desafíos específicos para la fiscalización electoral, ya que las dinámicas de poder dentro de comunidades religiosas suelen operar fuera del escrutinio público tradicional.

La propuesta legislativa también contempla mecanismos de protección para denunciantes, reconociendo que quienes exponen estas prácticas enfrentan riesgos de represalias políticas o sociales. Gordienko ha señalado que su propia denuncia generó tensiones dentro de su partido y críticas de sectores que cuestionan su credibilidad. La iniciativa propone que el Tribunal Supremo de Elecciones establezca un protocolo confidencial para recibir denuncias y proteger la identidad de quienes reporten intentos de compra de votos, al menos durante la fase inicial de investigación. Además, se busca facultar al organismo electoral para realizar investigaciones proactivas cuando existan indicios de estas prácticas, sin esperar denuncias formales.

El debate en la Asamblea Legislativa costarricense promete ser intenso. Algunos sectores políticos han expresado respaldo a la iniciativa, argumentando que fortalece la transparencia electoral y protege la voluntad ciudadana. Sin embargo, otros legisladores advierten sobre el riesgo de que la norma sea utilizada con fines políticos, especialmente en un clima electoral polarizado. La definición precisa de qué constituye una «dádiva» o un «ofrecimiento» es uno de los puntos más debatidos: ¿incluye promesas programáticas legítimas? ¿Cómo se distingue entre apoyo comunitario espontáneo y movilización comprada? Estas preguntas técnicas determinarán la viabilidad jurídica del proyecto y su capacidad para resistir eventuales impugnaciones constitucionales.

El contexto regional añade urgencia al debate. En varios países centroamericanos, las elecciones de próximos años se perfilan altamente competitivas, con fragmentación partidaria y erosión de confianza en instituciones democráticas. Guatemala, Honduras y El Salvador han registrado denuncias similares de compra de votos en ciclos electorales recientes, aunque con resultados mixtos en términos de investigación y sanción. Costa Rica, tradicionalmente vista como bastión democrático en la región, enfrenta la presión de demostrar que sus instituciones pueden responder efectivamente a estas amenazas sin comprometer garantías fundamentales de participación política.

Organizaciones de la sociedad civil costarricense han acogido con cautela la propuesta. Mientras algunos grupos celebran el endurecimiento de sanciones, otros advierten que el énfasis punitivo debe complementarse con educación cívica y fortalecimiento de la cultura democrática. Expertos en derecho electoral consultados señalan que la efectividad de la reforma dependerá menos del rigor de las penas que de la capacidad investigativa del Tribunal Supremo de Elecciones y del Ministerio Público para documentar casos, muchos de los cuales ocurren en conversaciones privadas difíciles de comprobar. La diputada Gordienko, por su parte, ha enfatizado que su denuncia inicial fue solo el comienzo de un esfuerzo más amplio por transparentar dinámicas ocultas del financiamiento y la movilización electoral.

El proyecto legislativo ahora ingresa al trámite parlamentario regular, donde deberá sortear comisiones de dictamen y dos debates en plenario antes de eventualmente convertirse en ley. El calendario político sugiere que, de prosperar, la reforma podría estar vigente antes de las próximas elecciones nacionales, previstas para 2028. Mientras tanto, la denuncia original de Gordienko permanece bajo investigación fiscal, aunque hasta la fecha no se han formalizado cargos contra el pastor mencionado ni se han revelado públicamente detalles adicionales del caso. La diputada ha manifestado su disposición a colaborar con las autoridades, pero también ha expresado frustración por la lentitud del proceso investigativo, un eco de las críticas más amplias sobre la capacidad del sistema judicial costarricense para procesar casos de corrupción política en tiempos razonables.

Fuentes

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Resumen editorial elaborado por MiHispano+ a partir de las fuentes citadas. Enlazamos siempre al medio original.

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