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Cervecería en Costa Rica reduce 13% su consumo energético en producción

En las instalaciones industriales de Barva de Heredia, donde el vapor se eleva desde las líneas de embotellado y el ruido de…

25 de octubre de 2026 5 min de lectura
Redacción MiHispano+ · con información de delfino.cr
Fotografía ilustrativa · delfino.cr
Fotografía · delfino.cr

En las instalaciones industriales de Barva de Heredia, donde el vapor se eleva desde las líneas de embotellado y el ruido de las máquinas marca el ritmo de la producción, una transformación silenciosa viene ocurriendo desde hace meses. La planta cervecera de HEINEKEN en Costa Rica ha logrado reducir en más de 13% la energía necesaria para producir cada litro de bebida que sale de sus instalaciones, un hito que la empresa presenta como parte de su estrategia ambiental para 2026.

El logro no es producto de una sola medida dramática, sino de decenas de ajustes técnicos y operacionales implementados gradualmente. Desde la optimización de los sistemas de refrigeración hasta la mejora en la eficiencia de las calderas, cada componente del proceso productivo fue analizado bajo la lente del ahorro energético. La reducción del 13% representa no solo un ahorro económico significativo para la operación, sino también una disminución proporcional en las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al consumo eléctrico de la planta.

Pero la agenda ambiental de la cervecera costarricense para este año no se limita a las cuatro paredes de su planta. La compañía ha ampliado su foco hacia áreas que tradicionalmente permanecían fuera del radar corporativo en materia de sostenibilidad: el transporte de productos terminados, la cadena de proveedores y la gestión integral de residuos. Estas tres áreas representan lo que los especialistas en sostenibilidad llaman emisiones de alcance 3, aquellas que ocurren fuera de las operaciones directas de la empresa pero que están vinculadas a su actividad comercial.

Más allá de la planta: transporte y logística bajo la lupa

El transporte de bebidas desde la planta hasta los puntos de venta distribuidos por todo el territorio costarricense genera una huella de carbono considerable. Camiones que recorren desde las zonas costeras hasta las montañas, refrigeración constante de productos, múltiples paradas en centros de distribución: cada etapa consume combustible y genera emisiones. La empresa ha iniciado un proceso de medición detallada de estas emisiones, el primer paso necesario para diseñar estrategias de reducción efectivas.

La medición incluye no solo el consumo de diésel de su flota propia, sino también el de los transportistas contratados que operan bajo su nombre. Este nivel de granularidad en los datos permitirá identificar las rutas más ineficientes, los vehículos que requieren renovación o mantenimiento, y las oportunidades para consolidar envíos y reducir kilómetros recorridos. En un país como Costa Rica, donde la geografía montañosa y las distancias relativamente cortas entre poblaciones crean un patrón de distribución complejo, optimizar la logística representa un desafío técnico considerable.

Proveedores: la cadena extendida de responsabilidad

La cadena de proveedores de una cervecera es extensa y diversa. Desde los productores de malta y lúpulo hasta los fabricantes de botellas de vidrio, pasando por los proveedores de etiquetas, cartón, tapas metálicas y materiales de empaque. Cada uno de estos eslabones tiene su propia huella ambiental, y hasta ahora, muchas empresas consideraban que esa responsabilidad estaba fuera de su control directo.

HEINEKEN Costa Rica ha dado pasos para cambiar esa percepción. La empresa está implementando sistemas de medición de emisiones que rastrean el impacto ambiental de sus principales proveedores. Esto implica recopilar datos sobre el consumo energético de las fábricas proveedoras, los métodos de transporte que utilizan para entregar sus productos, y las prácticas de gestión de residuos que implementan. El objetivo no es necesariamente cortar relaciones con proveedores menos sostenibles, sino trabajar colaborativamente para mejorar sus prácticas y establecer metas compartidas de reducción de emisiones.

Esta estrategia refleja una tendencia global en la industria manufacturera: la sostenibilidad ya no se mide solo en las operaciones propias, sino en toda la cadena de valor. Para una empresa multinacional como HEINEKEN, con compromisos climáticos globales, asegurar que sus operaciones en cada país contribuyan a esos objetivos requiere involucrar a proveedores locales en la ecuación.

Residuos: del problema al recurso

La gestión de residuos en una planta cervecera presenta desafíos y oportunidades únicas. Por un lado, están los residuos orgánicos del proceso de elaboración: bagazo de malta, levadura excedente, granos usados. Por otro, los materiales de empaque defectuosos, pallets rotos, cartón dañado. Y finalmente, los productos terminados que no cumplen con los estándares de calidad y no pueden venderse.

La empresa ha intensificado sus esfuerzos para medir con precisión cuánto de cada tipo de residuo se genera, hacia dónde se envía, y qué porcentaje se recupera o recicla. El bagazo de malta, rico en proteínas y fibra, tiene potencial como alimento animal. La levadura excedente puede procesarse para extractos nutricionales. El vidrio roto puede refundirse. Pero para aprovechar estas oportunidades, primero hay que cuantificarlas y establecer los canales de recuperación adecuados.

La medición también incluye las emisiones indirectas asociadas al tratamiento de residuos. Cuando los desechos orgánicos terminan en rellenos sanitarios, se descomponen produciendo metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono. Al desviar estos materiales hacia usos productivos o compostaje controlado, la empresa no solo reduce el volumen de residuos, sino también las emisiones asociadas a su disposición final.

Lo que HEINEKEN Costa Rica está construyendo es un sistema de contabilidad ambiental más completo, que reconoce que la responsabilidad climática de una empresa se extiende mucho más allá del consumo eléctrico de sus instalaciones. En un momento en que los consumidores, especialmente los más jóvenes, evalúan las marcas no solo por la calidad de sus productos sino por sus prácticas ambientales y sociales, esta visión ampliada de la sostenibilidad puede representar también una ventaja competitiva. La reducción del 13% en energía es un hito mensurable y comunicable, pero el trabajo más complejo y estructural está en transformar toda la cadena de valor hacia un modelo de menor impacto ambiental.

Fuentes

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Resumen editorial elaborado por MiHispano+ a partir de las fuentes citadas. Enlazamos siempre al medio original.

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