¿Para qué te levantas cada mañana? En Okinawa tienen una palabra para esa pregunta, «ikigai», y en Nicoya la responden con un «plan de vida». En ambos lugares, tener una razón clara para vivir parece ir de la mano con vivir más años y con mejor salud.
Por qué importa
- Muchos hispanos en Estados Unidos cargan con el estrés de trabajar por otros —hijos, padres, comunidad— y esa misma responsabilidad, vista de otra forma, puede ser también una fuente de propósito y de fortaleza.
- El retiro laboral, tan común en la cultura estadounidense, puede ser un momento de riesgo si no se sustituye el trabajo por otro tipo de propósito.
- Reconectar con la familia extendida o la comunidad de fe, algo muy propio de la cultura hispana, puede reforzar precisamente este componente de la longevidad.
Ikigai: la razón de ser en Okinawa
En Okinawa, «ikigai» se traduce de forma libre como «la razón por la que te levantas por la mañana». No es necesariamente un logro grande ni una meta profesional: puede ser cuidar el jardín, enseñar a los nietos una receta familiar, o simplemente sentirse útil dentro de la comunidad. Los investigadores de Blue Zones observaron que las personas mayores de Okinawa rara vez usan la palabra «retiro» en el sentido en que se entiende en Estados Unidos; siguen teniendo tareas, roles y responsabilidades hasta edades muy avanzadas.
Esta idea contrasta con un patrón que se repite en muchos países occidentales: el de personas que, al jubilarse, pierden de golpe la estructura y el propósito que les daba el trabajo, y ese vacío se ha asociado en varios estudios con un deterioro más rápido de la salud física y mental.
El «plan de vida» en Nicoya
En la península de Nicoya, en Costa Rica, existe una expresión parecida: el «plan de vida». Se refiere a esa combinación de motivos —la familia, la fe, la tierra, la comunidad— que sostiene a una persona mayor y le da sentido a seguir activa. En las entrevistas realizadas por los investigadores de Blue Zones, muchos centenarios de Nicoya no hablaban de «vivir muchos años» como una meta en sí misma, sino de seguir siendo útiles para alguien más: un nieto, un vecino, la parcela familiar.
Este patrón se repite, con matices, en las otras Zonas Azules: en Cerdeña y en Loma Linda, la fe y la familia extendida cumplen una función similar, dando a las personas mayores un rol reconocido dentro de su comunidad en lugar de relegarlas a un segundo plano.
Un hábito que se puede cultivar
Lo interesante de este componente de la longevidad es que, a diferencia de la genética, es algo que cada persona y cada familia pueden trabajar de forma activa. Mantener a los abuelos involucrados en la vida familiar, encontrar proyectos personales más allá del trabajo remunerado, o participar en una comunidad —religiosa, de vecinos o de intereses compartidos— son formas concretas de cultivar ese sentido de propósito que las Zonas Azules muestran una y otra vez.
Para saber más
Este artículo es información general con fines divulgativos y no sustituye el consejo de un profesional de salud. Para más información: Blue Zones Project.



