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Noilyn Aguilar conquista dos medallas panamericanas en El Salvador

El tatami salvadoreño vibró cuando Noilyn Aguilar pisó la zona de combate por segunda vez en menos de 48 horas. A sus 19 años, la judoca costarricense ya había probado el sabor de una medalla panamericana, pero la tarde del sábado le deparaba otro desafío. Mientras el sol caía sobre San Salvador, la representante nacional ajustó su judogi blanco, miró a su esquina y esperó el hajime. Lo que vino después fue una demostración de técnica, velocidad y determinación que la colocó nuevamente en el podio continental, consolidándose como la única medallista tica en categoría mayor durante la competencia.

El campeonato panamericano de judo reunió a las mejores figuras del continente en la capital salvadoreña, un escenario donde Costa Rica llegó con expectativas moderadas pero con hambre de resultados. Aguilar, proveniente de una generación de judocas que ha crecido bajo el sistema de alto rendimiento del Comité Olímpico Nacional, enfrentó la presión de representar sola a su país en la categoría absoluta femenina. Su preparación incluyó meses de entrenamiento en el Centro Nacional de Alto Rendimiento, sesiones de sparring con compañeros de mayor peso y un trabajo específico en transiciones de pie a suelo que resultaría clave en sus combates.

La primera medalla llegó en la categoría de peso ligero, donde Aguilar demostró un dominio técnico superior ante rivales de México, Argentina y Brasil. Su especialidad en uchi-mata, un barrido de pierna interna que requiere timing perfecto, le permitió acumular ippones y waza-aris con precisión quirúrgica. Los entrenadores locales observaron cómo la tica aplicaba variantes del osoto-gari para desequilibrar a oponentes más altas, aprovechando su centro de gravedad bajo y su explosividad en los primeros segundos de agarre. El bronce obtenido ese viernes no fue casualidad: fue el resultado de 12 años de práctica continua desde que entró a un dojo en San José siendo apenas una niña.

Pero Aguilar no se conformó con una presea. El sábado por la tarde, en la categoría open femenina donde compiten judocas de todos los pesos sin restricción, la costarricense volvió a subir al tatami enfrentando adversarias con ventajas físicas evidentes. Allí, la estrategia cambió: priorizó el trabajo de suelo, buscando transiciones rápidas a newaza tras cada intercambio de pie. En semifinales cayó ante la brasileña favorita, pero en la disputa por el bronce aplicó un kesa-gatame impecable que le valió un ippon por inmovilización. Cuando el árbitro levantó la mano de Aguilar, la pequeña delegación costarricense presente en las gradas estalló en aplausos. Era su segunda medalla en dos días, un logro inédito para el judo nacional en este nivel.

El desempeño de Aguilar contrasta con la participación del resto de la delegación costarricense, que compitió en categorías juveniles y cadetes sin alcanzar el podio. La ausencia de otros medallistas en categoría mayor subraya la brecha que aún existe entre el desarrollo del judo tico y potencias regionales como Cuba, Brasil o Argentina, donde el deporte de combate cuenta con estructura federativa sólida y apoyo estatal constante. Sin embargo, el caso de Aguilar muestra que el talento individual, cuando se combina con disciplina y oportunidades de competencia internacional, puede romper pronósticos. Su entrenador, quien prefirió mantenerse en segundo plano durante las entrevistas post-competencia, reconoció que la clave estuvo en la exposición temprana a torneos de alto nivel y en el trabajo psicológico para manejar la presión de competir sola.

Las dos medallas panamericanas colocan a Noilyn Aguilar en el radar del ciclo olímpico que comienza a tomar forma rumbo a Los Ángeles 2028. Aunque su ranking continental aún no la posiciona entre las candidatas automáticas a clasificación, estos resultados suman puntos valiosos y, más importante aún, experiencia contra las mejores del hemisferio. El judo centroamericano ha vivido momentos de gloria esporádica, pero pocas figuras han logrado sostener el nivel en múltiples competencias mayores. Aguilar, con apenas 19 años y ya dos preseas panamericanas en su haber, tiene el tiempo y el talento para construir una trayectoria que inspire a la próxima generación de judocas costarricenses.

De regreso en San José, donde se espera su arribo esta semana, Aguilar enfrentará el desafío de convertir este éxito puntual en consistencia. El calendario 2027 incluye el Panamericano de Buenos Aires, el Grand Prix de La Habana y, si las condiciones lo permiten, su debut en el circuito mundial de la IJF. Para ello, necesitará apoyo institucional renovado, acceso a competencias internacionales frecuentes y un equipo multidisciplinario que incluya nutrición deportiva, fisioterapia y preparación física específica. Las dos medallas de El Salvador no son un punto de llegada: son la plataforma desde la cual una judoca costarricense puede soñar en grande. El tatami, como siempre, dirá la última palabra, pero por ahora, Noilyn Aguilar ha demostrado que Costa Rica tiene lugar en el podio panamericano del judo.

Fuentes

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Con información de delfino.cr

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