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Costa Rica en PISA 2025: avances ocultan grietas profundas

En una mañana cualquiera en San José, miles de estudiantes costarricenses entran a sus aulas sin saber que los datos que los…

13 de septiembre de 2026 4 min de lectura
Redacción MiHispano+ · con información de delfino.cr
Fotografía ilustrativa · delfino.cr
Fotografía · delfino.cr

En una mañana cualquiera en San José, miles de estudiantes costarricenses entran a sus aulas sin saber que los datos que los miden ya están escritos. Los resultados de PISA 2025 llegaron con aplausos oficiales y titulares optimistas, pero detrás de los números que celebran avances moderados se esconde una realidad incómoda: Costa Rica sigue dejando atrás a demasiados jóvenes. Mientras algunos estudiantes superan pruebas internacionales con soltura, otros permanecen atrapados bajo un umbral básico de competencias, una línea invisible que separa oportunidades de exclusión.

El Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), administrado por la OCDE, evalúa cada tres años las habilidades en lectura, matemáticas y ciencias de estudiantes de 15 años en decenas de países. Costa Rica participó nuevamente en 2025, y los resultados oficiales confirmaron una tendencia: el país avanza, pero lo hace arrastrando contradicciones. Los puntajes promedio subieron ligeramente en comparación con ediciones anteriores, un dato que autoridades educativas han destacado como señal de mejora. Sin embargo, el informe también revela que un segmento significativo de estudiantes no alcanza el nivel 2 de desempeño, considerado el mínimo necesario para participar plenamente en la sociedad moderna.

Esta dualidad no es nueva. Costa Rica ha mostrado en evaluaciones previas una capacidad para elevar promedios nacionales mientras mantiene brechas internas que reflejan desigualdades geográficas, socioeconómicas y de acceso a recursos educativos. En zonas rurales y comunidades alejadas de la Gran Área Metropolitana, la infraestructura escolar sigue siendo precaria, la conectividad a internet limitada y la formación docente insuficiente. Estudiantes en estas regiones enfrentan desventajas estructurales que ningún examen internacional puede capturar en su totalidad, pero que los resultados de PISA insinúan entre líneas.

El análisis de los datos desagregados muestra que el progreso se concentra en ciertos grupos. Estudiantes de colegios privados, urbanos y con mayores recursos socioeconómicos tienden a ubicarse por encima del promedio nacional, mientras que sus pares en instituciones públicas rurales quedan rezagados. Esta segmentación no es accidental: responde a décadas de políticas educativas que han priorizado la cobertura sobre la calidad equitativa, expandiendo el acceso sin garantizar que todos los estudiantes reciban las mismas herramientas para aprender.

El umbral básico de PISA, ese nivel 2 que marca la diferencia entre competencia funcional y vulnerabilidad educativa, no es un capricho técnico. Representa la capacidad de un estudiante para identificar información explícita en textos, realizar inferencias básicas, resolver problemas matemáticos simples y aplicar conocimientos científicos elementales. Quienes no lo alcanzan enfrentan dificultades para seguir aprendiendo, para insertarse en el mercado laboral moderno, para ejercer ciudadanía informada. En Costa Rica, el porcentaje de estudiantes bajo este umbral sigue siendo alto, especialmente en matemáticas y ciencias, áreas donde la brecha con países de ingreso similar se amplía.

Las autoridades educativas reconocen el problema, pero las soluciones propuestas han sido fragmentadas. Programas piloto, capacitaciones docentes esporádicas, inversiones en tecnología sin estrategia pedagógica clara. Mientras tanto, el sistema educativo costarricense sigue operando con un currículo que muchos expertos consideran desactualizado, centrado en memorización y alejado de las competencias del siglo XXI que PISA busca medir. La pandemia de COVID-19 profundizó estas fisuras: estudiantes sin acceso a dispositivos o internet quedaron fuera del aprendizaje remoto, ampliando aún más las brechas que ahora los resultados de 2025 documentan.

El debate sobre PISA en Costa Rica también enfrenta resistencias. Algunos sectores educativos cuestionan la pertinencia de una evaluación diseñada en países del norte global, argumentando que no refleja las realidades culturales y contextuales locales. Otros advierten que el enfoque en pruebas estandarizadas puede desviar recursos y atención de otros aspectos esenciales de la educación, como la formación integral, el pensamiento crítico y el desarrollo socioemocional. Sin embargo, pocos niegan que los datos de PISA, con todas sus limitaciones, ofrecen un espejo incómodo: Costa Rica puede celebrar avances relativos, pero no puede ignorar que sigue dejando atrás a miles de jóvenes.

Mirar hacia adelante requiere honestidad. Los resultados de PISA 2025 no son una sentencia definitiva, pero sí una advertencia. Costa Rica tiene la capacidad institucional, los recursos humanos y la tradición democrática para cerrar sus brechas educativas, pero necesita voluntad política sostenida, inversión estratégica y un compromiso nacional con la equidad. Los estudiantes que hoy están bajo el umbral básico no son estadísticas: son jóvenes con potencial que el sistema aún no logra desbloquear. Y mientras el país celebra promedios que suben lentamente, ellos esperan una educación que realmente los incluya.

Fuentes

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Resumen editorial elaborado por MiHispano+ a partir de las fuentes citadas. Enlazamos siempre al medio original.

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