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¿Por qué Costa Rica busca reformar su sector eléctrico sin mayoría calificada?

La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, confirmó que su administración prepara un nuevo proyecto de ley para reformar el sector eléctrico…

21 de octubre de 2026 5 min de lectura
Redacción MiHispano+ · con información de delfino.cr
Fotografía ilustrativa · delfino.cr
Fotografía · delfino.cr

La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, confirmó que su administración prepara un nuevo proyecto de ley para reformar el sector eléctrico del país, diseñado estratégicamente para evitar la necesidad de una mayoría calificada en la Asamblea Legislativa. La declaración, acompañada de la frase contundente «Yo no negocio con terroristas políticos», marca un punto de inflexión en la estrategia gubernamental tras el aparente estancamiento de iniciativas previas que requerían el respaldo de 38 diputados. Esta movida legislativa no solo refleja tensiones políticas internas, sino que expone las complejidades estructurales de reformar uno de los sectores más sensibles de la economía costarricense.

El contexto de una reforma pendiente

El sector eléctrico costarricense ha sido objeto de debate durante décadas, con intentos repetidos de modernización que han enfrentado resistencias tanto políticas como sociales. Costa Rica, conocida por su matriz energética renovable casi al cien por ciento, enfrenta sin embargo desafíos en la distribución, tarifas y modernización de infraestructura. Las reformas anteriores han tropezado con la necesidad de mayorías calificadas, un obstáculo significativo en un congreso fragmentado donde ningún partido posee control absoluto.

La decisión de Fernández de buscar un camino legislativo que requiera solo mayoría simple —29 votos en lugar de 38— sugiere una lectura realista del panorama político actual. Esta estrategia no es nueva en la región centroamericana, donde gobiernos han optado por reformas incrementales cuando las transformaciones estructurales encuentran bloqueos institucionales. El precedente más cercano se observó en intentos de reformas fiscales que, al no obtener consensos amplios, fueron fragmentadas en proyectos de menor alcance pero mayor viabilidad política.

El lenguaje empleado por la mandataria, particularmente la referencia a «terroristas políticos», evidencia la polarización del debate. Esta retórica, aunque controvertida, refleja la frustración del Ejecutivo ante lo que percibe como obstruccionismo legislativo. En Costa Rica, país con tradición de estabilidad democrática, este tipo de confrontación verbal entre poderes del Estado resulta inusual y marca un tono político más beligerante que el históricamente observado.

Dinámicas de poder y actores involucrados

La arquitectura política costarricense actual presenta un escenario complejo para cualquier reforma. El partido de la presidenta Fernández no cuenta con mayoría absoluta, lo que la obliga a negociar con bloques legislativos diversos, desde partidos tradicionales hasta nuevas formaciones políticas. La resistencia a reformas del sector eléctrico proviene tanto de sectores conservadores preocupados por la privatización como de grupos progresistas que temen el impacto tarifario en familias de bajos ingresos.

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), empresa estatal que mantiene el monopolio virtual del sector, representa otro actor crucial. Históricamente, el ICE ha gozado de fuerte respaldo popular por su asociación con la identidad nacional y el desarrollo económico del país. Cualquier reforma percibida como amenaza a su existencia o autonomía enfrenta movilizaciones sociales significativas, como se observó en protestas anteriores contra la apertura del sector telecomunicaciones.

Los sindicatos del sector eléctrico, particularmente poderosos en Costa Rica, constituyen una fuerza de oposición organizada. Estos grupos han manifestado públicamente su rechazo a reformas que consideren reducen derechos laborales o abren espacios a participación privada. La estrategia de evitar la mayoría calificada podría interpretarse como un intento de circunvalar estas resistencias mediante cambios más acotados que no requieran modificaciones constitucionales o de leyes orgánicas.

Por otro lado, sectores empresariales y organismos internacionales han presionado por modernizaciones que mejoren la eficiencia y reduzcan costos operativos. La tensión entre mantener el carácter social del servicio eléctrico y satisfacer demandas de competitividad económica define gran parte del debate. La administración Fernández parece apostar por una reforma que equilibre estas presiones, aunque los detalles específicos del proyecto aún no se han revelado públicamente.

Escenarios posibles

El camino legislativo del nuevo proyecto presenta varios desenlaces plausibles. Un escenario optimista para el Gobierno vería la aprobación de reformas incrementales que modernizasen aspectos operativos del sector sin tocar su estructura fundamental, obteniendo así suficiente respaldo parlamentario mientras evita confrontaciones mayores. Alternativamente, incluso este proyecto de mayoría simple podría enfrentar resistencias que lo diluyan hasta volverlo simbólico, replicando el patrón de reformas frustradas que caracteriza la historia reciente costarricense. Un tercer escenario contempla que la polarización actual escale, transformando la reforma eléctrica en campo de batalla político que afecte la gobernabilidad general del país, especialmente si sectores sociales organizados interpretan las modificaciones como amenaza a conquistas históricas.

Una apuesta de gobernabilidad

La estrategia de Laura Fernández refleja las tensiones inherentes a gobernar en sistemas presidencialistas multipartidistas donde el consenso resulta esquivo. Al optar por un proyecto que evite mayorías calificadas, el Ejecutivo costarricense reconoce limitaciones políticas pero también asume riesgos: las reformas podrían resultar insuficientes para resolver problemas estructurales del sector eléctrico, o bien podrían generar oposición igualmente intensa pese a su menor alcance formal. La retórica confrontacional empleada sugiere además que la administración ha optado por priorizar la acción sobre el consenso amplio, una apuesta que definirá no solo el futuro del sector eléctrico sino la viabilidad política del gobierno mismo en sus años restantes.

Fuentes

Resumen editorial elaborado por MiHispano+ a partir de las fuentes citadas. Enlazamos siempre al medio original.

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